Casa Natura 23 está en San Bartolomé, en el centro mismo de la exótica isla de Lanzarote, a unos 15 minutos del aeropuerto de Giacimeta, que actualmente ofrece conexiones directas a más de 80 ciudades europeas.
En esta acogedora y confortable casa disfrutarás de un oasis de silencio, relajación, intimidad, descanso y belleza. Dispone de cinco habitaciones con baño en suite y en una de ellas también podrás disfrutar de un relajante jacuzzi. Son habitaciones de entre 25 y 15 metros cuadrados que destacan por el tamaño de sus camas kingsize y sus cómodísimos colchones. Su suelo combina baldosa y mármol y dispone de aire acondicionado en el salón y en 3 de estas habitaciones.
La casita acoge tus vivencias del día de hoy que has disfrutado en las innumerables rutas a pie haciendo senderismo, trekking, o si optaste por montar en bicicleta o has recorrido en coche esta sorprendente e impactante isla de 845,9 kilómetros de superficie y que es muy luminosa con sus más de 3000 horas de sol al año.
Si has elegido ir a la playa cuentas con sus 191 kilómetros de costa, que te brinda playas con un mar de color turquesa y arena rubia.
Te menciono Famara, Playa Blanca, Punta Mujeres, El Golfo, o la singularísima Papagayo.
Entre las atenciones que te ofrece la Casa están unas toallas de playa para tu uso particular.
También llevas contigo la impronta de las rutas del paisaje protegido de la Geria, con sus peculiares sistemas de plantación de viñedos, tan insólitos, o has visto Timanfaya, y has sentido que estás en otro planeta, cincelado a fuego por coladas juguetonas de lava ancestral.
Ya eres un integrante pleno del malpaís, y te fundes en el paisaje volcánico por el que transitas, exploras, ahí y ahora, y sientes una emoción especialísima.
Respiras hondo.
¡Qué sensaciones tan inesperadas!
La naturaleza en estado puro, qué diversidad paisajística de esta isla exenta de carteles publicitarios y reconocida como Reserva de la Biósfera.
El cielo de Lanzarote es bellísimo, de un azul puro, añil, tan cercano, que te parece que está abrochado a la tierra, y hasta crees, ¿o era fantasía?… haber caminado también por él.
Regresas a Casa Natura 23 al atardecer, hace buena temperatura, unos 22 grados de media anual, y se tamizan rayos de luz ámbar por las ventanas que acogen tu llegada a ese habitat y sientes esa simbiosis con la puesta de sol, le dicen la sonrisa de la tarde, tú percibes como desde la terraza te envuelven tonos rojizos, anaranjados, bermellón, un crisol tornasolado de tonos naranja; crujen algunas hojas de las tabaibas, oyes el susurro del viento que está ahí, acariciando lomas, redondeando pequeñas cimas, diseñando este paisaje peculiar de esta isla exenta de montañas escarpadas y sientes una experiencia sensorial sorprendente en la que todo está bien.
Planeas qué conocerás mañana, y entonces sales a las terrazas ajardinadas de Casa Natura, descansas en las hamacas, quizás lees o escribes, meditas, o bien conversas con otros viajeros, intercambias experiencias y elijes ir en barco a La Graciosa, una isla que según dice la escritora canaria, Fátima Martín: » La Graciosa, dónde se escuchan los colores».
Ahora, has optado por cenar también en la Casa y saboreas un menú de calidad, riquísimo, en el que no faltan sus reconocidos y premiados quesos elaborados en la isla o pruebas sus vinos con denominación de origen. Y no, no me olvido del delicioso salmón de Uga.
Si te apetece te acomodas en los sofás de las terrazas y te integras en una tertulia con los propietarios, o con otros viajeros e intercambias impresiones.
Te comentan que han hecho una visita al molino de José María Gil en San Bartolomé, el único activo en la isla, o a la Casa Tanit ambas en San Bartolomé; que han visitado la Casa Natal de César, o su Fundación, o el Jardín de Cactus, Mirador del Río, qué tertulias más interesantes y cuántas experiencias enriquecedoras. te da la sensación de estar en casa, de estar entre amigos, y de vivir también una experiencia cósmica y muy íntima: esta noche estrellada, un blues, cierro los ojos, sí diría que soy sencillamente feliz.
Tras la cena vuelves a la habitación con el eco emocional de las risas y confidencias compartidas y propuestas de lugares de la isla que te quedan por descubrir y no te puedes perder.
Te fijas en un cuadro rotundamente colorista, que ha sido pintado por el anfitrión, cuya obra pictórica, junto a la exquisita decoración de la sala y el resto de la casa, te acoge en muchas de sus paredes y culmina tu día de estancia con sensaciones lúdicas, cromáticas e indudablemente artísticas.
La cama te ofrece el confort que necesitas, después de un día en el que incluso has caminado a través de un Tubo volcánico o has conocido la Casa de Lorimar o has llegado al valle de las mil palmeras en Haría.
Cuentas con un buen wifi por si eliges comunicarte on line, ver fotos o vídeos o bien, oír música y te acuestas en unas sábanas impecables, tras una ducha relajante y tienes, claro que sí, un sueño reparador.
Mañana, te espera un desayuno espléndido, equilibrado, abundante, variado, nutritivo y un día nuevamente… ¡mágico!
Destaco el trato magnífico de sus anfitriones, Ana y José Luis, transmiten una filosofía de vida de amor a la naturaleza que percibes nada más llegar.
Y que te acompaña de vuelta a tu casa, bueno, de tu otro hogar.




